📚Material – Taller: Preparación para el desarrollo del nuevo curso de la UIAF
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En un contexto económico marcado por la incertidumbre, la inflación y el desempleo, las organizaciones del sector solidario enfrentan desafíos sin precedentes. La capacidad para gestionar eficazmente el crédito y la cartera no solo determina la estabilidad financiera de una entidad, sino también su capacidad para seguir cumpliendo su misión social. En este escenario, optimizar la gestión de cartera se convierte en una prioridad estratégica.
La gestión de cartera como eje central de la sostenibilidad
La cartera de crédito es uno de los activos más importantes para cualquier entidad solidaria. Sin embargo, cuando no se maneja adecuadamente, puede convertirse en una fuente significativa de riesgo. El aumento de la morosidad, los procesos judiciales prolongados y la falta de herramientas adecuadas para la recuperación de deuda pueden poner en jaque la sostenibilidad de la organización.
Una gestión de cartera efectiva implica más que simplemente cobrar deudas; requiere una comprensión profunda de los aspectos legales y un enfoque proactivo para prevenir que las obligaciones de crédito caigan en mora. Esto incluye desde la evaluación inicial del riesgo crediticio hasta la implementación de estrategias de cobranza que sean efectivas y, a la vez, respetuosas con los valores solidarios.
Desafíos actuales en la gestión de cartera
La actual coyuntura económica ha hecho que muchos deudores enfrenten dificultades para cumplir con sus obligaciones. Esto ha incrementado la presión sobre las entidades para encontrar formas efectivas de recuperar la cartera vencida sin recurrir inmediatamente a costosos y largos procesos judiciales.
Entre los principales desafíos que enfrentan las organizaciones se encuentran:
Soluciones para mejorar la gestión de cartera
Para enfrentar estos desafíos, las organizaciones deben adoptar un enfoque integral que incluya:
¿Cómo estar mejor preparado?
Si bien estos desafíos son significativos, también representan una oportunidad para que las organizaciones fortalezcan sus capacidades internas y se preparen mejor para el futuro. Invertir en la capacitación del personal y en la adopción de tecnologías adecuadas puede no solo mejorar la recuperación de cartera, sino también reforzar la confianza de los asociados y garantizar la sostenibilidad a largo plazo.
Seminario-Taller: Cobranza y Recuperación Ejecutiva de Cartera
Para ayudar a las entidades del sector solidario a enfrentar estos desafíos, hemos diseñado un seminario-taller especializado en la cobranza y recuperación ejecutiva de cartera. Este evento está orientado a proporcionar las herramientas y conocimientos necesarios para gestionar eficazmente la cartera, reducir riesgos y optimizar los recursos.
Te invitamos a inscribirte y ser parte de este espacio de aprendizaje, donde exploraremos juntos las mejores prácticas y soluciones innovadoras para enfrentar los retos actuales en la gestión de cartera. ¡No dejes pasar esta oportunidad para fortalecer tu organización!
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Amigos del Sector Solidario:
Al observar los indicadores de cartera, encontramos un comportamiento negativo no solo en el sector solidario sino también en el sector financiero, tanto en términos de crecimiento como en la calidad de la cartera. Esta tendencia negativa, que implica una contracción en el valor de la cartera, ya se venía observando desde 2023, con una fuerte desaceleración. Este fenómeno está estrechamente relacionado con la disminución en la capacidad de pago de los hogares colombianos, como resultado de una inflación exacerbada desde 2022. A pesar de los datos positivos recientes, la inflación continúa muy por fuera del rango meta fijado por el Banco de la República, y se espera que tome hasta el año 2026 para que la inflación vuelva a niveles del 3-4%.
Para contener esta inflación, el Banco de la República incrementó las tasas de interés. Aunque estas tasas, al igual que la inflación, vienen reduciéndose, aún no han alcanzado los niveles previos a la pandemia. Por esta razón, es necesario que las tasas continúen bajando junto con la inflación, para que el crédito fluya, se reactive la demanda y haya un mejor comportamiento de la economía. Cabe destacar que, en casi todos los sectores, la economía muestra cifras negativas o muy tímidas. Tenemos caídas en el desempeño del sector comercio, caídas en la construcción de vivienda, venta de vehículos, y esta contracción en casi todos los sectores de la economía está empezando a generar problemas de desempleo.
El dato de desempleo revelado en junio por el DANE muestra un incremento preocupante en esta tasa. Como resultado, ya se están construyendo una serie de propuestas entre el sector privado y el gobierno para reactivar la economía. Aunque las perspectivas económicas han mejorado, con un crecimiento esperado entre el 1.7% y 1% para este año, este nivel sigue siendo muy por debajo de lo necesario para evitar un deterioro en el empleo, lo que a su vez tiene un efecto negativo tanto en la demanda de crédito —la gente no tiene capacidad o disposición para endeudarse más, especialmente a las tasas actuales— como en el riesgo de crédito, es decir, que las personas no paguen sus obligaciones, un fenómeno que ha venido incrementándose.
Por estas razones, tanto la Superintendencia Financiera como la Superintendencia de Economía Solidaria han establecido recientes disposiciones. En el caso de la Supersolidaria, la Circular 68 de julio de 2024 incluyó en el literal G un nuevo requisito o criterio para la evaluación de la cartera, que es evaluar el riesgo del sector económico del cual el deudor deriva sus ingresos.
Este criterio será analizado en detalle en nuestro taller del 15 de agosto de 2024, al cual los invito a inscribirse. En este taller no solo revisaremos la metodología de evaluación de cartera y el marco normativo, sino también estrategias de crecimiento en la cartera, incluyendo este nuevo requisito.
En mi opinión, cada vez será mayor la necesidad y la presión para reducir las tasas de interés, y también poco a poco se irán despejando las condiciones para que esta reducción se acelere. Ya hemos mencionado que el escaso crecimiento económico es una motivación para que se presionen reducciones en las tasas que estimulen el crédito. También hemos dicho que los bancos tienen un crecimiento negativo; es decir, la cartera no crece, sino que decrece, peor incluso que durante la pandemia.
Hay una enorme cantidad de liquidez que está buscando dónde colocarse, y los datos recientes sobre la economía de los Estados Unidos, especialmente en materia de generación de empleo, no son alentadores. Todo apunta a un aterrizaje suave de la economía norteamericana en el mejor de los casos; algunos más alarmistas incluso hablan de una posible recesión. Esto ha afectado a los índices bursátiles mundiales, especialmente en Estados Unidos, que han experimentado un gran desplome.
Por lo tanto, tenemos grandes excesos de liquidez que están buscando dónde colocarse, y la cartera de crédito podría ser una enorme oportunidad. Incluso hay propuestas del gobierno nacional para invertir estos excesos de liquidez en bonos que le den liquidez al gobierno, con el fin de financiar una serie de créditos hacia el agro, la industria, y el sector comercio. Sin embargo, esta propuesta es muy polémica. Desde el sector solidario, debemos estar muy atentos, porque en la medida en que la inflación en los Estados Unidos cede y aumenta el riesgo sobre su economía con un posible aumento del desempleo, es probable que se acelere la reducción de las tasas de interés allá. Esto facilitará que aquí, donde también la inflación viene reduciéndose, se reduzcan aún más rápido las tasas de interés, llevándonos a un escenario de fuerte competencia en el crédito.
Ya hemos observado esto en el sector de vivienda, donde los principales jugadores han reducido sus tasas de interés al 9.5% – 10% efectivo anual. Además, observando las estadísticas de la DTF, ya está por debajo del 10%. También se observa claramente una reducción constante en las tasas de interés de los créditos de consumo y tarjetas de crédito, que se ha acelerado. Poco a poco se irán dando las condiciones para un escenario de fuerte competencia, si no de una guerra de crédito, con tasas de interés más bajas y plazos más amplios.